DÍA MUNDIAL DE LOS HUMEDALES: orígenes de la diversidad de la vida en la Tierra.

Publicado el 03/02/2026

DÍA MUNDIAL DE LOS HUMEDALES: orígenes de la diversidad de la vida en la Tierra.

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que nos recuerda el reconocimiento del valor estratégico de estos ecosistemas únicos para la vida, para el clima, para la salud de los de los territorios y para sus comunidades vivas. Este año, bajo el lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebración del patrimonio mundial”, esta reflexión adquiere una dimensión profunda, al reconocer que estos territorios albergan al mismo tiempo biodiversidad, saberes, culturas y comunidades que han sostenido históricamente el equilibrio de la Tierra.

 

Los humedales son sistemas naturales donde el agua define la forma de la vida. Constituyen espacios dinámicos —esteros, bañados, lagunas, riberas y planicies de inundación— que conectan ríos, suelos, biodiversidad, clima y comunidades. En el Paraguay, estos ecosistemas constituyen una parte sustancial del territorio nacional y sostienen el equilibrio hídrico del país.

 

Su importancia es múltiple y estratégica. Los humedales regulan el flujo del agua, reducen el impacto de las inundaciones y las sequías, recargan los acuíferos y restauran la calidad del agua al actuar como filtros naturales. Son refugio y sitio de reproducción de una enorme diversidad de especies, esenciales para la alimentación soberana y la seguridad económica de las comunidades locales. Además, almacenan grandes cantidades de carbono, lo que los convierte en aliados fundamentales frente a la crisis climática.

 

En el Paraguay, estos ecosistemas están estrechamente vinculados a los grandes ríos y cuencas que estructuran el territorio. El Gan Pantanal del Alto Paraguay, los esteros del Ñeembucú, los humedales del Bajo Chaco, las áreas inundables del lago Ypacaraí y los sistemas ribereños de los ríos Paraguay, Paraná y sus tributarios conforman una red hidroecológica continua que conecta los territorios, las culturas y modos de vida y producción adaptadas a los ciclos naturales del agua. Durante generaciones, las comunidades indígenas, campesinas y tradicionales han desarrollado sistemas productivos y tradiciones culturales que dialogan con estos pulsos hidrológicos, construyendo relaciones de convivencia, cuidado y manejo sustentable del entorno.

 

Sin embargo, esta antigua relación de equilibrios y cuidados está siendo profundamente alterada. La expansión de modelos productivos intensivos, impulsados por lógicas extractivistas, está avanzando sobre los humedales mediante drenajes, canalizaciones, terraplenes y modificaciones artificiales de cursos de agua. Actividades como la agricultura bajo riego, la ganadería industrial y megaproyectos de infraestructura están fragmentando y destruyendo estos grandes reservorios de agua dulce y vida.

 

Estos procesos generan impactos socioambientales directos: la destrucción de fuentes de agua dulce, la pérdida de peces y de fauna y flora asociada, la degradación de ecosistemas acuáticos, el aumento de la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos como inundaciones, sequías, grandes incendios, con el consecuente desplazamiento forzado y despojo de las comunidades humanas que dependen de estos ecosistemas para su subsistencia y su identidad cultural. 

 

La destrucción de los humedales es el resultado de las decisiones políticas y económicas que priorizan el uso extractivo de los territorios por la maximización de beneficios económicos privados por encima del interés colectivo y la sustentabilidad ecológica. Esta situación es grave porque se soslaya el cumplimiento de las leyes y salvaguardas vigentes, llegando a altos índices de impunidad socioambiental. Se verifica un peligroso debilitamiento del estado.

 

La destrucción de los humedales es el resultado de las decisiones políticas y económicas que priorizan el uso extractivo de los territorios por la maximización de beneficios económicos privados por encima del interés colectivo y la sustentabilidad ecológica. Esta situación es grave porque se soslaya el cumplimiento de las leyes y salvaguardas vigentes, llegando a altos índices de impunidad socioambiental. Se verifica un peligroso debilitamiento del Estado, marcado por un elevado índice generalizado de corrupción, la falta de control efectivo, la captura de las instituciones públicas por intereses privados y la inacción frente a violaciones del derecho colectivo.

 

El Paraguay es Parte de la Convención Ramsar sobre Humedales y ha designado seis sitios como Humedales de Importancia Internacional, comprometiéndose a conservar su carácter ecológico y promover su uso racional. Sin embargo, estos compromisos internacionales aún enfrentan importantes desafíos para su implementación efectiva en el territorio nacional.

 

Desde SOBREVIVENCIA, Amigos de la Tierra Paraguay, sostenemos que los humedales son bienes comunes naturales indispensables para la vida. Su defensa requiere políticas públicas integrales que reconozcan su función ecológica y social, fortalezcan la planificación territorial, respeten los derechos de las comunidades locales y promuevan modelos productivos compatibles con los ciclos naturales del agua. El Paraguay, aunque es considerado el país del agua yuno de los países con mayor cantidad de agua dulce disponible por habitante a nivel mundial, enfrenta amenazas crecientes sobre sus humedales, poniendo en riesgo la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y los medios de vida de sus comunidades. Ante esta realidad, es imprescindible adoptar acciones concretas para conservar y restaurar los humedales, salvaguardar su riqueza ecológica y cultural, y garantizar los derechos de las comunidades locales.

 

Defender los humedales es proteger el agua, la vida, el clima, la biodiversidad y nuestros bienes comunes, así como los saberes tradicionales que han sostenido la convivencia con estos ecosistemas durante siglos. Solo de este modo, podremos construir un desarrollo justo, sustentable y democrático.

 

Defender los humedales es proteger el agua, la vida, el clima, la biodiversidad y nuestros bienes comunes, así como los saberes tradicionales que han sostenido la convivencia con estos ecosistemas durante siglos. Esto exige fortalecer la participación activa y efectiva de las comunidades locales, campesinas e indígenas, reconociendo sus conocimientos como fundamentales para la gestión, conservación y restauración de los humedales, y garantizando su derecho a decidir sobre los territorios que habitan mediante procesos de autodeterminación y consentimiento libre, previo e informado. Solo de este modo será posible construir un desarrollo justo, sustentable y democrático.